Soy una persona de ánimo variable, siempre lo he sido, hoy puedo estar exultante y mañana no tener ganas de salir de casa. Conozco a muchas personas como yo, entre nosotras (la mayoría somos mujeres) nos llamamos "locas", pero esa locura empeora cuando pasados los cuarenta te atreves a ser la mamá de un bebé.
Nuestro chiquitín ha traído muchísima alegría y felicidad a esta casa, es un niño encantador y maravilloso, peeeeeroo le ha tocado una madre con las energías a medio gas, una madre que a las cinco de la tarde se va arrastrando por las esquinas y a las ocho ya no es persona humana. ¡¡¡Qué cansancio!!!
Después de casi siete meses con un bebé en casa puedo decir que hay momentos estupendos en los que disfruto enormemente de mi hijo, jugamos juntos, nos reímos, me lo como a besos, me da la vida. Y luego hay otros momentos en los que ambos estamos cansados, él llora porque no sabe expresarlo de otro modo, yo me pondría también a llorar pero me aguanto porque se supone que soy la adulta y la que sabe resolver la situación y entonces lo abrazo, intento sonreír, él sigue llorando, lo beso, le canto, tarda en calmarse, noto que mi cuerpo ya no puede más y mi mente no da más de sí... por fin se duerme...estoy agotada, de mal humor, sin ganas de nada...de buena gana me pondría a llorar para que alguien me acunara y me cantara hasta que me durmiera.
Ayer por fin tuve tiempo de ir a comprarme un buen reconstituyente a la
tienda de productos naturales, son unas píldoras con ginseng, jalea
real y algo más que ya me han dado buenos resultados otras veces, con
eso y a base de cafés creo que podré aguantar.



