Se acabó el verano, empieza septiembre, vuelta al trabajo y a los preparativos para el colegio. Madrugones, carreras, no tengo tiempo ni de tener depresión postvacacional.
Y en medio de este estrés mi chiquitín, que sigue siendo muy movido e inquieto, intenta escalar a una barandilla, se cae y se hace bastante daño. Le hacen radiografías en el hospital y nos dicen que se ha roto el codo. Lo que nos faltaba!!! El pobre no paraba de llorar, el dolor y el susto le duraron bastante. Tiene que llevar escayola durante mes y medio.
Ya han pasado unos días desde el accidente, se ha acostumbrado a la escayola y al cabestrillo. Ha empezado el colegio con mucha ilusión y también ha vuelto a las terapias de atención temprana. Es un valiente, un campeón.


