Nuestro chiquitín se va haciendo mayor, ya no queda mucho de aquel bebé sin dientes ni pelo que llegó a casa hace dos años. Su cuerpo menudo es atlético, no tiene ni un gramito de grasa, es pura fibra. El pelo se le ha puesto muy rubio con el sol y el agua, la expresión pícara de su carita ya no es la de un bebé, su mirada, su sonrisa ... todo ha cambiado en poco tiempo.
En mes y medio ha madurado en bastantes aspectos, y todo sin forzarle ni obligarle, a su ritmo. Cada día incorpora alguna nueva palabra a su vocabulario, le cuesta mucho pronunciar, pero lo intenta. El chupete sólo lo pide para dormir, de día lo deja él mismo en la mesita. Duerme en su cama junto a C. que duerme a su lado en la cama nido. Sabe hacer pipí y caca en el váter y en el orinal, aunque no siempre lo pide, pero nosotros lo llevamos con regularidad y sólo le ponemos pañal para dormir. Está aprendiendo a nadar solito, nunca ha usado manguitos ni nada, se mueve como una culebrita por el agua y en breve controlará los movimientos para no necesitarnos a su lado.
También le encanta la playa, la última vez que fuimos lo observé y lo vi feliz corriendo, riéndose, haciendo castillos, saltando en los charcos de la orilla, y todo a carcajadas con su hermana. En ese momento sentí que todo merece la pena por ver esa felicidad.
Pero desgraciadamente la vida también nos da momentos malos y ahora mismo estamos de duelo por nuestra gatita, que fue atropellada el lunes. Lo hemos pasado mal, sobre todo C. que la adoraba, pero ya nos vamos haciendo a la idea y nos vamos recuperando.
Debemos aprovechar y disfrutar de lo poco que nos queda de vacaciones, porque en unos 10 días volvemos a la rutina de los madrugones y las prisas.


