Cómo pasa el tiempo, ya dos años con el nido lleno. Cuando estamos esperando para ser asignados el tiempo parece pasar muy lento, parece que la llamada no va a llegar nunca, y ahora han pasado dos años ya casi sin darnos cuenta.
Miro las fotos de entonces cuando fuimos a recogerle al centro, era un bebé de cinco meses y parecía tranquilo, no extrañó ni lloró. Hoy mi chiquitín raramente tiene momentos tranquilos, no para de moverse y hacer cosas, es alegre y cariñoso, no le gusta irse con extraños y lloriquea cada vez que no le dejamos hacer algo que él quiere.
¡Ha aprendido tantas cosas en este tiempo! Pero lo más importante es que ha aprendido a ser querido y a tener una familia, a formar parte de ella y también a querernos. Ayer le pregunté si me quería y me dio un beso con una sonrisa ¿hay algo más grande para una madre?
Un amigo acaba de decirme que A. ha tenido suerte porque tiene a los mejores padres, yo le he respondido que cada día doy gracias por la suerte que hemos tenido nosotros, es un niño maravilloso. Hace dos años que la alegría y la felicidad campan a sus anchas por la casa. Ni siquiera sus problemas de salud y de desarrollo empañan esa felicidad, afortunadamente todo va mejorando poco a poco y con esfuerzo.
En septiembre volverá a las terapias de atención temprana y a las dos clases que ya tenía, añadiremos logopedia para facilitarle el aprendizaje del lenguaje, que lo lleva todavía con retraso. También esperamos que nos den el resultado de las pruebas genéticas que le hicieron, a ver si logramos averiguar la causa de su bajo ritmo de crecimiento.















