Las experiencia previas a la adopción y las carencias sufridas en los primeros años de vida comprometen el desarrollo cognitivo y emocional de los niños adoptados. La mayoría de ellos han sido víctimas de privaciones, negligencia e institucionalización. No han recibido los estímulos y las interacciones suficientes para desarrollar sus capacidades de una forma saludable. Estas carencias tienen un efecto directo en el desarrollo de las habilidades cognitivas, lingüísticas, afectivas y psicosociales.
En las instituciones, incluso en las que están en buenas condiciones, hay muchos niños al cuidado de pocos adultos. Los menores sufren continuos cambios de cuidadores y es prácticamente imposible que reciban la atención personificada necesaria para un desarrollo psicosocial óptimo.
Los menores adoptados han sufrido varias pérdidas a edades tempranas lo
que les hace muy sensibles los cambios en su rutina. Debemos proporcionarles un entorno protector que potencie sus habilidades para facilitarles la integración en todos los ámbitos de desarrollo. Debemos tener expectativas reales y aceptar que los niños adoptados tardan más en crear vínculos seguros. Son niños vulnerables e inseguros que responden con comportamientos negativos ante la frustración y presentan problemas emocionales y conductuales en situaciones de estrés.
Como madre adoptiva he entendido que el amor y una buena alimentación no son suficientes y que es importante saber que necesitan más tiempo, que debemos respetar sus ritmos de adaptación y ofrecerles un entorno resiliente de apoyo y comprensión.



