Este fin de semana ha sido muy especial, desde que el jueves nuestros amigos D. y S. comenzaran su viaje para conocer a su hija he tenido el corazón revolucionado. Mis pensamientos estaban siempre con ellos ¿dónde estarán ahora? ¿la habrán visto ya? ¿habrá ido todo bien? Bendita tecnología y benditos medios de comunicación. Hoy los he visto vía skype, a los tres, en la habitación de su hotel, la felicidad se transmitía a través de la pantalla, la pequeña tranquila, observadora y confiada; los padres con una sonrisa permanente, sensación de estar flotando en una nube. Una nube de felicidad.
Ha sido maravilloso, cuando compartes algo así antes de haberlo vivido tú te emocionas y piensas ¿cómo será cuándo me toque a mí? Pero cuando has pasado por eso recientemente todas las emociones del momento vuelven, te emborrachan, es una sensación tan grande que parece que vas a explotar.
Enhorabuena familia, habéis construído, por fin habéis desenredado ese hilo verde, ya habéis hecho vuestra promesa de amor y será para siempre.
La felicidad se propaga estos días desde China y no hay nadie que esté a salvo.



