Tres años imaginando el momento de recibir la tan deseada y codiciada idoneidad. Leyendo en foros a gente a quien se la han denegado, conociendo páginas especializadas en apoyar y asesorar en caso de que te la denieguen.
Lees, te informas, te formas, preguntas, te preparas al cien por cien, pasas las sofocantes entrevistas y el test; esperas dos meses y medio y por fin llega por correo ordinario una cartita llena de palabrejas técnicas, sellos y firmas pero tú sólo te fijas en la palabra que está resaltada en negrita y en mayúsculas: IDÓNEOS.
Una simple carta, más bien fea, hace que la tensión a la que mi cuerpo se ha visto sometido sin descanso durante seis meses afloje por fin. Seis meses que comenzaron con la llegada de otra carta, la de citación para los talleres.







