Desde hace semanas leo en varios blogs sobre la diferencia entre hijos biológicos e hijos adoptivos. Realmente yo que ya soy madre y deseo con todas mis fuerzas volver a serlo, no veo ninguna diferencia en cuanto a emociones y sentimientos, por supuesto todos sabemos que el proceso es completamente distinto.
La diferencia no la noto en mí, ni en mi marido, ni en mi hija, nosotros estamos completamente involucrados y en casa el tema de completar la familia se habla casi a diario. Pero ¿qué ocurre con nuestro entorno? Nuestra familia del corazón está ahí siempre, alerta, apoyando, preguntando... sin embargo aquéllos que se acordaban de nosotros durante el embarzo, que nos preguntaban si necesitábamos algo, que nos hacían reglaos para C. antes de que naciera, que estaban muy pendientes de mi salud y la de ella, que nos daban consejos los pidiéramos o no, que hablaban de la llegada de C. como algo suyo, que nos demostraban que ya formaba parte de sus vidas incluso antes de llegar... todos esos, se limitan ahora a preguntar "¿sabéis algo más?".
No nos han preguntado ni una sola vez cómo nos sentimos, pocos de ellos nos dieron la enhorabuena con la noticia, por el contrario nos han mostrado alguna que otra vez sus dudas sobre nuestra decisión, no ha habido regalos, nadie ha querido informarse sobre el tema para saber cómo reaccionar en cada momento. Con algunos hay algo de diálogo sobre cómo nos va a cambiar la vida, pero yo que he vivido los dos procesos veo las diferencias de trato, la ilusión no es la misma, la familia y los amigos íntimos no se involucran igual.
Algunos me dicen que no me preocupe porque cuando nuestro nido esté lleno todo cambiará y mis hijos serán todos queridos por igual; yo así lo espero de corazón porque tengo claro que quien no quiere a mis hijos no me quiere a mí.
Por mi parte he hecho un ejercicio de reflexión personal sobre cuál ha sido mi propio comportamiento en ambos procesos y me he dado cuenta de que en los dos me he preocupado por formarme, por estar preparada, he seguido los consejos de los profesionales, he preparado algunas cosas para la llegada del peque (pero sin exagerar), he imaginado sus cara mil veces, he temido porque el proceso no pudiera llegar a término, me he estremecido al pensar cómo me iba a cambiar la vida. Es cierto que durante el proceso adoptivo, al ser tan largo, se pasan más nervios y más desesperación porque la paciencia a veces se agota, es más duro, te sientes más examinado y menos apoyado, llega un punto en el que te das cuenta que quien mejor te comprende son aquéllos que están experimentando lo mismo que tú.

