Hace un año que vi tu carita por primera vez, te cogí en brazos y apoyaste tu cabecita en mi pecho, no lloraste ni extrañaste, estoy segura de que oías latir mi corazón fuerte y rápido, yo estaba exultante de alegría. Cuarenta y ocho horas antes nos habían llamado para hablarnos de ti y en ese momento ya te tenía en mis brazos.
Nos habíamos levantado temprano ese día e intentábamos mantener la calma, no sabíamos cómo eras, no habíamos visto ninguna foto tuya, sólo sabíamos que tenías cinco meses. Llegamos muy puntuales y en cuanto aparcamos el coche vimos al técnico de Conselleria con el que habíamos quedado a las diez y media. Entramos en el centro y empezamos a hablar con el personal que te había cuidado y entonces nos dieron un álbum de fotos que te habían hecho mientras estuviste allí, y por fin pudimos verte, vimos tu carita, en unas fotos llorabas y en otras reías. Intenté sentirte cercano, pero realmente éramos dos extraños.
Dos de agosto, hacía muchísimo calor fuera, tú estabas en mis brazos, yo no quería soltarte, no quería separarme de ti, tú estabas tranquilo o al menos lo parecías, estabas cansado y tenías hambre, tres extraños te sonreían y tú no te quejaste en ningún momento.
Estábamos tan emocionados que apenas hicimos fotos ese día, las trabajadoras del centro nos hicieron dos fotos a los cuatro juntos, y son las mejores fotos de nuestras vidas.
Te metimos en el carrito y C. te llevó hasta el coche, no paraba de mirarte y decirte cositas, tú la mirabas a ella más que a los demás, sabías que era una niña, pero aún no sabías que era tu hermana. Te pusimos en la sillita del coche, C. iba detrás contigo, tú seguías tranquilo y sin quejarte.
Al llegar a casa te tomaste todo tu biberón, hicimos unas cuantas fotos más, nos mirabas con curiosidad y al final te quedaste dormido. Nosotros aprovechamos para comer algo, aunque no teníamos mucha hambre porque estábamos en una nube de la que no podíamos bajar, por fin estabas en casa, con tu familia, para siempre.
Durante este año he aprendido muchísimas cosas, me has enseñado mucho, probablemente más que yo a ti. Pensaba que nuestra familia era un puzzle incompleto y que tenías que llegar tú para completarlo, pero ahora siento que son muchas las piezas que han encajado en mi vida. Cuando un círculo se cierra no afecta solo a un aspecto de la vida sino a nuestra vida entera. Siento que ahora soy más completa no solo como madre sino como persona.
Con el tiempo he ido descubriendo que todo encaja, todos los pasos se dieron en la dirección correcta y con la velocidad adecuada para que pudiéramos encontrarnos y seguir juntos el camino.
Feliz aniversario familiar.