Cambiamos de estación, pero sigue haciendo un calor insoportable, esperemos que no dure mucho más.C. empezó las clases a primeros de mes, y se ha apuntado ya a varias actividades extraescolares que comenzarán en octubre. Ya lleva mejor lo de no ser la única princesa de la casa, es muy madura y sabe que su hermano la adora, hoy mismo los he puesto juntos en la cama de ella y él agitaba sus bracitos de felicidad.
A. ha avanzado mucho, ya se sostiene sentadito y juega, en el suelo hace sus primeros intentos de gateo, hace un par de días que cumplió siete meses y se nota. Le encanta comer con cuchara, cada día un poquito más de puré, es un campeón.
En las últimas semanas he conocido a mucha gente interesante, a algunos ya los conocía por la red y me ha encantado conocerlos personalmente. Tanto mi marido como yo nos hemos involucrado más en la vida de las familias adoptantes y vamos a formar parte de la asociación Adopta2.
La gente me pregunta cómo me siento y con una sonrisa de felicidad respondo "agotada", un mes y tres semanas solamente y mi cuerpo pasa factura, al principio el cansancio era psicológico debido al estrés de la asignación y el comienzo de la adaptación, ahora que ese desgaste mental se ha ido recuperando, ha aparecido debajo el agotamiento físico que supone, para una pareja que ya pasó hace tiempo los 40, tener que lidiar con una preadolescente y un bebé.
Intentar mantener las relaciones con los amigos y la familia, el trabajo, la vuelta al cole, las nuevas rutinas y horarios, no dormir ni una noche del tirón, estar pendiente de todo e intentar llevar adelante una casa es... imposible. Por un lado o por otro las cosas fallan, a veces tenemos que anular eventos con amigos o familia, otros días la casa parece un campamento en lugar de un hogar, pero tenemos clarísimo que lo primordial es el tiempo que podemos estar con nuestros hijos.
Siguiente objetivo: poner en orden la agenda para poder sacar un par de horas a la semana para nosotros mismos, ya estamos en ello.































